Yo solo jugaba a escapar de lo que no tiene nombre, yo buscaba esa paz que bruscamente me quitaste cuando ya me había acostumbrado. Fuiste esa sombra que no me dejaba ver la luz que te creaba y de nuevo estoy aquí un poco perdida, con mil preguntas que sé que no conseguiré respuesta. Estoy aquí entre lo que no tiene nombre sin una sombra que me acompañe en mi oscuridad, es eso que suelo pintar de colores pero que siempre termina gris.
miércoles, 6 de diciembre de 2017
Lo que no tiene nombre
Y de repente vuelves a salir de aquel rincón en el que pensé que no saldrías, donde juraba que ya te habías perdido pero entonces el universo nos reta como siempre y piensa que puedo soportarte de esta forma. Tal vez el haberte encontrado cuando pensé que ya no estabas puede ser esa señal que necesitaba para darme cuenta que aún no me quiero lo suficiente como para enfrentarte realmente, qué tal vez seas esa sombra de lo que tanto me perturba pero que te pongo de protagonista porque eres lo único bonito que me mantenía lejos de aquello que no tiene nombre.
Y ahora estoy aquí, sin saber donde van las comas ni mucho menos los puntos, donde me encuentro redactando mucho peor de lo habitual y no entiendo, no comprendo como es que te extraño si nunca te tuve. ¿Sabes? Me parece injusto que te hayas llevado lo más lindo de mi alma, no me gusta esta sensación amarga de darme cuenta que más que una experiencia ahora resulta que eres una cicatriz qué tal vez me persiga por un tiempo; cuando lo único que quiero es que seas solo un moretón fugaz. Me parece confuso como es que aunque lo recuerde tan lejano es ahora cuando te anhelo culpándome de cosas que no fueron mi culpa y de las cuales siempre te defiendo, es justamente eso lo que más me molesta, el hecho de defenderte cuando sé que toda la culpa la has tenido tú, que quien mentía y decía palabras vacías eras tú.
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